La Tarjeta de Visita

“La Tarjeta de Visita.”

Camila Juncos Tort

El uso ordinario de la tarjeta de visita tiene un origen social y comercial en Francia, en los primeros años del siglo XVIII. Estas tarjetas encajaban perfectamente con el espíritu elegante de la época, ya que dejaban constancia de la personalidad del sujeto que en ella se presenta. Por eso, fueron muy usadas por la nobleza, principalmente cortesana.

“Buscan al mejor dibujante, al más premiado grabador, las mejores prensas, para que su presentación a la familia amiga (casi siempre rival) sea representativa de su real, o ficticia, situación económica […]”

El descubrimiento de la impresión instantánea, en 1851, fue un acontecimiento muy importante y abrió el camino para que, en 1854, André E Disdéri lanzara el retrato en forma de tarjeta de visita. Su proceso de fabricación incluía una cámara de varias lentes (4 u 8 objetivos que se podían usar al mismo tiempo o abrirlos y cerrarlos para obtener imágenes distintas) y una película que se desplazaba para producir hasta doce copias de una sola vez en Albumina (papel de clara de huevo) a partir de una sola placa de vidrio de 18 cm x (por) 24 cm; la copia luego era montada sobre una cartulina gruesa para su mejor conservación.

Estas tarjetas valían al menos unas 15 veces menos que un retrato, lo cual hizo posible su divulgación. A partir de su lanzamiento, la fotografía amplió de manera prodigiosa el mercado establecido por el daguerrotipo. De hecho, la tarjeta de visita fue una de las mercaderías comercializadas con mayor amplitud en el siglo XIX, a tal punto que los fotógrafos se establecían hasta en las ciudades más pequeñas para ofrecer este producto. Esto ayudo a definir y a registrar a las masas como una entidad. La masificación de las cartes de visite creó opiniones muy variadas entre los sociólogos del arte. Benjamín, en su ensayo celebre La obra del arte en la época de su reproductibilidad técnica, hace referencia al “paralelismo histórico entre la irrupción del primer medio de reproducción de veras revolucionario, la fotografía, y el despunte del socialismo”.

Por otro lado, John Berger sostiene que:

“La fotografía no era más que una necesidad del capitalismo (o de las burguesías liberales que lo proporcionaban) el cual, mediante la cámara, se apoderaba del mundo a trocitos y lo vendía según la ley de la oferta y la demanda […]”

“Al dejar una tarjeta como carta de visita, se dejaba la huella fotográfica del cuerpo”.

Los amigos, reunían estos retratos en álbumes que, con este propósito, ya se habían comenzado a vender hacia 1860. También se podía acceder a tarjetas de personajes públicos, estas se compraban a los fotógrafos en tiendas o por correo.

El auge de las tarjetas de visita se da en 1860; un hecho que favoreció este auge fue que en 1859, camino a Italia, Napoleón III se detuvo en el estudio de Disdéri para fotografiarse.

Las tarjetas y los álbumes convertían a personas desconocidas en tan accesibles como unos buenos amigos.

A pesar de la gran democratización, la inclusión de las carte de visite tenían su límite; no incluían a gente marginada de la vida de la propia clase media (como por ejemplo, enfermos y pobres)

Las tarjetas de visita eran ligeras, delgadas y adecuadas para despacharse por correo, esto ayudaba a remplazar aquellas visitas costosas o imposibles.

 

Fuentes:

  • “Arte en concreto 5” – AKAI
  • “Otra innovación del siglo XVIII: las tarjetas de visita – Francisco Aguilar – vol. 104 – 2002
  • “Historia de la vida privada” – G. Duby y Philippe – Vol. 9 – Ed. Taurus – Bs.As – 1990
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